
Lucía se enamoró de mí, me lo dijo ayer en la noche, me lo dijo el sabor de su piel, el aroma de su pelo, la miel de su centro, su susurro al moverse contra mí. Lucía se enamoró de mí sin importarle mi insólita situación.
-Lo que tienes ha de venir de tus ojos, son de pájaro, demasiado negros y en medio como si una estrellita vieja viviera en ellos parpadeando y parpadeando- así me habló Lucía, mientras sus dedos se perdían en mi cabello – ¡Cómo adoré sus manos ¡- .
La extraño y es que era la única persona conmigo, no le importaba lo que la gente dijera, no se asustó cuando le contaron , que, aún siendo yo un bebé, había hecho desaparecer a mi mamá, pero quién se podía imaginar que al tocar el pecho de mi madre, está se convertiría, por dios sabe qué mecanismo, en un pequeño colibrí rojo. Yo no me deshice de mamá, sólo escapó volando.
Ese mismo día mi abuela decidió ponerme los guantes, así como también la gente del pueblo y mis tíos decidirían que yo era peligroso y lo mejor sería que viviera alejado de ellos.
Toda mí vida la he pasado aquí, en esta cabaña en el monte, solo , pues mi abuela no me quiere, no sé si es por su exilio obligado o por lo que “le hice “ a su hija. Me la pasaba en el río, me gustaba quitarme los guantes en cuanto mi abuela no me veía. Ranas en palomas, peces en gorriones, grillos en golondrinas, claro, hasta que llegó Lucía.
Recuerdo que la trajeron un lunes en la noche, que llovía y que mis tíos parecían verdaderamente enojados .-Salió esta embarazada , no podrá volver hasta que “se componga” – eso dijeron y se marcharon .
Lucía y yo nos llevamos bien desde el principio. Cuando mi abuela se iba me dejaba estar junto a ella, me dejaba – con mucho cuidadito-, me decía , cepillarle el cabello y me cantaba canciones que yo nunca había escuchado. Le gustaba verle salir alas a los sapos y que la besara en el cuello.
Ayer en la noche la abuela no llegó, Lucía me envió a la cama y apagó las luces, comencé a dormirme (soy de sueño fácil ), pero de pronto la cobija se alzó y Lucía desnuda se echó encima de mí. – Pon las manos en la cabecera – me dijo, y empezó a moverse.
No sabía lo que hacía, pero reaccioné ante ella, ante su cuerpo, su espalda, sus senos, la acaricie toda con mi lengua, la hice mía y yo fui de ella, ciertamente , Lucía y yo nos amamos.
Pero cuándo la noche comenzaba a irse y el frío de la mañana llegó, ella se levantó, se vistió y sin mirarme me dijo: - esto no volverá a suceder de nuevo y nadie debe saber – fue entonces que me asusté y lloré. Sin pensarlo, tomé su brazo y la atraje hacia mí. Pude ver que sus ojos se abrieron como si un cuchillo se clavara en ella y enseguida, su cuerpo se encogió, y sus brazos se volvieron alas, y toda ellas se cubrió de plumas.
La intenté atrapar pero fue más velóz que yo y salió volando. Pobre Lucía.
-Lo que tienes ha de venir de tus ojos, son de pájaro, demasiado negros y en medio como si una estrellita vieja viviera en ellos parpadeando y parpadeando- así me habló Lucía, mientras sus dedos se perdían en mi cabello – ¡Cómo adoré sus manos ¡- .
La extraño y es que era la única persona conmigo, no le importaba lo que la gente dijera, no se asustó cuando le contaron , que, aún siendo yo un bebé, había hecho desaparecer a mi mamá, pero quién se podía imaginar que al tocar el pecho de mi madre, está se convertiría, por dios sabe qué mecanismo, en un pequeño colibrí rojo. Yo no me deshice de mamá, sólo escapó volando.
Ese mismo día mi abuela decidió ponerme los guantes, así como también la gente del pueblo y mis tíos decidirían que yo era peligroso y lo mejor sería que viviera alejado de ellos.
Toda mí vida la he pasado aquí, en esta cabaña en el monte, solo , pues mi abuela no me quiere, no sé si es por su exilio obligado o por lo que “le hice “ a su hija. Me la pasaba en el río, me gustaba quitarme los guantes en cuanto mi abuela no me veía. Ranas en palomas, peces en gorriones, grillos en golondrinas, claro, hasta que llegó Lucía.
Recuerdo que la trajeron un lunes en la noche, que llovía y que mis tíos parecían verdaderamente enojados .-Salió esta embarazada , no podrá volver hasta que “se componga” – eso dijeron y se marcharon .
Lucía y yo nos llevamos bien desde el principio. Cuando mi abuela se iba me dejaba estar junto a ella, me dejaba – con mucho cuidadito-, me decía , cepillarle el cabello y me cantaba canciones que yo nunca había escuchado. Le gustaba verle salir alas a los sapos y que la besara en el cuello.
Ayer en la noche la abuela no llegó, Lucía me envió a la cama y apagó las luces, comencé a dormirme (soy de sueño fácil ), pero de pronto la cobija se alzó y Lucía desnuda se echó encima de mí. – Pon las manos en la cabecera – me dijo, y empezó a moverse.
No sabía lo que hacía, pero reaccioné ante ella, ante su cuerpo, su espalda, sus senos, la acaricie toda con mi lengua, la hice mía y yo fui de ella, ciertamente , Lucía y yo nos amamos.
Pero cuándo la noche comenzaba a irse y el frío de la mañana llegó, ella se levantó, se vistió y sin mirarme me dijo: - esto no volverá a suceder de nuevo y nadie debe saber – fue entonces que me asusté y lloré. Sin pensarlo, tomé su brazo y la atraje hacia mí. Pude ver que sus ojos se abrieron como si un cuchillo se clavara en ella y enseguida, su cuerpo se encogió, y sus brazos se volvieron alas, y toda ellas se cubrió de plumas.
La intenté atrapar pero fue más velóz que yo y salió volando. Pobre Lucía.
Y pensar que todo comenzó en "El Altillo"....
ResponderEliminarFelicidades jovencito :b